19.10.05

Capítulo 17 (final)


Murillo abrió los ojos. Un hilo de baba se deslizaba desde la comisura de sus labios, y gruesas lagañas pegoteaban sus párpados. Se incorporó desde el volante de su automóvil con millones de centellas multicolores girando en su campo visual. Una cefalea como de resacas atrasadas le perforaba la calota, y un acúfeno ensordecedor lo aturdía.
Abrió la puerta y salió del vehículo. Se sostuvo contra la puerta, y cuando dominó a medias el vértigo, observo alrededor.
El estacionamiento del aeropuerto estaba desierto. Había automóviles detenidos pero ninguna persona; tampoco se escuchaban motores, música, ruidos de aviones al decolar o aterrizar, o lo que fuera que se suponía debía esperarse en un aeropuerto internacional.
Todavía mareado se dirigió a la puerta de acceso, ingresó al vestíbulo, pero la gente seguía sin aparecer. Grandes carteles señalaban Air France, Alitalia, Tam, Lufthansa, United, American Airlines, uno a uno pasó los mostradores de embarque, y sólo aparecían letreros informando horarios y destino, además de cientos de maletas esperando ser cargadas.
El inspector se había repuesto, y si bien su sensación interior bordeaba los limites del pánico, su espíritu lo hizo continuar avanzando, el arma reglamentaria bien aferrada y amartillada.
La soledad absoluta magnificaba el silencio. Aviones sin ocupantes, cielos sin aviones, bolsos y abrigos sin sus dueños en los sillones de las salas de espera. Subió agazapado por las escaleras mecánicas, avanzó y retrocedió, intentó llamar por su celular y por las líneas fijas, pero no había señal.
Al dirigirse a la zona de embarque paso junto a una espera VIP y…
- ¡Chisttt…!!
El chistido a su espalda le disparó una salva de extrasístoles que dominó a duras penas.
- ¡Que suerte encontrarte, tritrí!!!...
El policía recuperó el aliento, aunque las manos no se aquietaban en su temblor adrenérgico. Entró a la sala VIP, donde Froilán, tendido en un sofá, bebía del pico de una botella de whisky.
- ¿Sabías poli – dijo Froilán arrastrando las palabras– que el Rotal Salute Regal 21 años es un ultra Premium whisky creado por los Chivas Brothers para celebrar la coronación de la Reina Elizabeth II de Inglaterra? ¿No? Yo tampoco. Lo acabo de leer acá. – y señaló la etiqueta con un dedo inseguro.
Murillo le quitó la botella y la arrojó lejos.
- ¡Pedazo de estúpido, ¿que está pasando?! – gritó el policía tomando al muchacho por las solapas.
- Si te cuento no me vas a creer, pero te lo voy a contar igual. Cuando la minita y el otro tipo me trajeron acá, apareció un payaso que vomitaba cucarachas, otro tipo con un chumbo que tiraba tenedores… ¿Me entendés lo que te digo, man? Una locura!! La gente se caía como dormida, y de todas las puertas salieron zombis y ninjas que los cagaban a patadas y se los llevaban, mientras un flaquito con un signo de pregunta en vez de cara gritaba “¡¡esto es friki!, soy el Inadaptado!!”. Después me pegaron en la cabeza, me hice el muerto y me metía bajo unos sillones; pero ví cuando la putita se escapaba por la salida de allá, el otro la siguió, y de golpe una luz enorme brilló y oscureció todo. Cuando volví a ver, acá no había más nadie. Y así estamos.
- No hay nadie en ningún lugar – dijo Murillo – Ven, tratemos de ir a alguna parte fuera de esta mierda de situación.
Salieron del aeropuerto; no lograron poner en marcha ningún vehículo, e intentaron correr hacia la ciudad, pero una energía potente los detenía y no les permitía alejarse más allá.
- Salir de acá va a ser más difícil que rascarse el culo con los dientes – dijo Froilán
- Cuando me pica, me rasco – dijo Murillo. Sacó el arma y disparó hacia delante. La bala avanzó unos centímetros en cámara lenta y luego se detuvo, suspendida en el aire.
Los hombres se miraron.
- Por aquí no hay salida – dijo Murillo.- Volvamos a buscar la puerta por donde se fueron tus amiguitos.
- Pará un cachito, botonazo, que no son mis amiguitos…
- Tanto da. Intentemos salir por donde ellos.
- Eso va a ser más peligroso que piraña en bidet… –dijo Froilán, ahora totalmente despabilado.- Pero bueno, veamos, dijo el ciego.

Desandaron el camino, regresaron al aeropuerto e ingresaron al vestíbulo.
El cambio era sutil, pero perceptible. La disposición del lugar, el mobiliario, las paredes, todo era parecido pero diferente. Un cambio siniestro envolvía al lugar, como si otra realidad intentara abrirse paso por las hendijas de lo conocido.
- Esto está muy feo – dijo Murillo – Venga, apuremos el paso antes que pase lo que sea que esté pasando
- Esto parece un capítulo de la Dimensión Desconocida, ¿te acordás? – Dijo Froilán – o de los expedientes X; peor, parece uno de esos cuentos que se escriben entre varios pelotudos en Internet. Yo tenía un amigo que escribió en uno que trataba de unos clones…
- ¡Basta ya! – Ordenó Murillo- No creo que esto nos sirva de mucho, pero igual, toma esto y apunta bien – y le entregó una Glock 39 - ¿Sabes usarla?
- ¡Yo te voy a explicar porque el agua no se mastica, gallego! –Dijo Froilán sonriendo, y colocó el cargador en la culata del arma – A mi me enseñaron los pibes chorros en Villa Domínico. No te imaginás lo que eran ésos tipos…!
Murillo lo miró entre incrédulo y asombrado, y sonrió. Estaba seguro que nunca podría entender una palabra acerca de lo que éste muchacho hablaba.
Se aproximaron a la puerta por donde Eva y Paul habían salido. Una luz los envolvió y los llevó al otro lado.

****

El calor del sol al cenit los recibió del otro lado. Un césped baldo se extendía bajo sus pies, y la brisa de otoño corría libre en la pradera. Frente a ellos, la gran llanura terminaba en una serranía de poca altura. En el pico se divisaba un minúsculo orificio por donde se colaba el cielo diáfano.
- Donde….? ¿Qué es…? – balbució Murillo.
-¡La Ventana! –Dijo Froilán – ¡Estamos en Sierra de la Ventana! ¡Acá nací!
- En Argentina…?
- Si…Pero acá faltan cosas… No hay chacras, no está la ruta provincial, no hay…está como sin gente…
- Pero no como en el aeropuerto –dijo Murillo – Allí hubo gente, pero aquí pareciera que nunca la ha habido.
- Seguro –dijo Froilán – Che , gallego, una pregunta…hablás demasiado bien para ser cana.¿Estudiaste alguna vez?
Murillo no pudo contener la risa ante la pregunta
- Hombre, mira que estamos entre dos mundos en una historia que ni la de Alicia, y tu te preguntas sobre mi modo de hablar. Vale, que no puedo menos que contestarte. En realidad, aparte de ser inspector de policía, he obtenido mi diploma de abogado. Mi sueño ha sido siempre llegar algún día a ser juez. Yo creo fervientemente en la justicia y…
Un grito de dolor interrumpió sus palabras. A unos cien metros de ellos, un hombre yacía. Corrieron hacia él, y al verlo la náusea los inundó.
- Pablito… -dijo Froilán
Paul gemía con horribles heridas, el pecho y el abdomen abiertos en canal, con sus vísceras expuestas, el rostro apenas reconocible entre la sangre y las heridas.
- Me…confié – balbuceo cuando los hombres se arrodillaron a su lado.- ella me engañó, y yo lo sospechaba…
Tomó aliento y siguió con un hilo de voz.
- El Barón… él es Sendivog. Ahora sé.
- y los vampiros? – preguntó Murillo
- No importan. A mi me atacaron los lobos.
-Yo…- comenzó a decir Froilán, aunque no pudo completar la idea pues Paul había expirado.
-¿Y ahora? –preguntó Murillo.
- Ahora… ¡ahora le voy a enseñar a ése fulano cuántos pares son tres botas!! – dijo Froilán y comenzó a caminar hacia la sierra.
El ascenso era difícil pero no imposible. Senderos de cabras se abrían dóciles, y a las dos horas de caminata se detuvieron a descansar, ya cerca de la cima.
- Una cosa no me termina de convencer – dijo Murillo - ¿No te sorprende que estemos aquí? Digo, porque hemos sobrevivido hasta ahora. Porque no nos han detectado los esbirros del Barón.
- También lo pensé, galle. A lo mejor somos como Matriz, los elegidos, ja, ja…
No siguió riendo. A su alrededor, una docena de hombres lobo los rodeaba en silencio.
- Pues aquí está tu deja vù – dijo una mujer
Giraron hacia la voz y encontraron a Eva, quien sonreía. A su lado, la mujer vampiro miraba voluptuosamente a Froilán y mostraba los colmillos.
- ¡Tráiganlos!- ordenó Eva, y los lobizones tomaron a los hombres en vilo y los llevaron cuesta arriba.

La cima no era amplia. Un espacio reducido de pocos metros se abrían a la hoquedad natural de 2 metros por dos que daba nombre al lugar. Allí se encontraba montada una mesa con elementos de química y alquimia; y allí estaba el Barón, vestido a la usanza de los viejos Cabalistas.
-Al cabo de tantos siglos –dijo éste -, los elementos se reunen.
Un interminable silencio siguió a sus palabras.
- Mirá, viejito… -el terrible golpe de un lobizón callo a Froilán.
-¡¡NO!! – gritó el Barón, y el lobo cayo al piso aullando encogido de terror. Lugo se dirigió a los cautivos: - Les daré una respuesta aproximada a la pregunta que se hacían en el camino. Para completar el circulo iniciado hace tanto, las esferas debían llegar aquí. Este es el lugar. Aquí está la máquina de Grompius –señalo un pequeño artefacto- y aquí está la sangre de los Hombres: la del Conquistador, en las venas de éste soldado, heredero sin duda de Pizarro y de Cortéz, y la del aborigen que lleva también sangre del Reich.
- Mierda! – dijo Froilán – el apellido de mi vieja era Shajnaupsterman… y yo siempre me reí…
- Prefiero pensar que llevo la sangre de Cervantes en mis venas –dijo Murillo – pero aún así, te ase… -Eva lo abofeteó
El Barón los ignoró y comenzó una letanía ritual, mientras comenzaba a mesclar elementos de los alambiques. El cielo diáfano comenzó a oscurecerse y nubes oscuras se acercaban a enorme velocidad.
Mientras el alquimista desarrollaba su acción, Eva se acercó a Murillo.
- Siempre me gustaron los tipos rudos –dijo mordisqueando la oreja del policía – Lastima que no tuvimos tiempo.
Cuando se alejaba de su lado, Froilán la embistió insultándola. Los lobos lo separaron, y la mujer se fue junto al alquimista.
Las nubes amenazantes cubrían todo el cielo. Los truenos y relámpagos cruzaban el campo, y hasta los lobos aullaban de miedo. Froilán se agachó tras Murillo.
-¿Qué estas…?
- Le robé el librito de Paul cuando la choqué recién… -musitó mientras leía a velocidad.
La tormenta arreciaba, vientos huracanados se abatían en la montaña. Ela alquimista gritaba sus hechizos a voz en cuello, Eva danzaba extasiada, y Froilán de un salto se arrojo sobre la mesa del Barón, robó una esfera y salió corriendo colina abajo.
El movimiento fue tan sorpresivo que todos tardaron en reaccionar, pero luego Eva y los lobizones salieron en su persecución.
Froilán corría entre las piedras y la lluvia desatada, y mientras tanto musitaba una invocación del libro. Los lobizones se acercaban, Froilán llegó a una saliente y allí se atrincheró. Murillo lo veía desde unos metros más arriba, Froilán lo vió y le gritó:
- Ahora, tirále a los lobos….!
La tormenta no permitía a Murillo escuchar; luego de repetir varias veces, Froilán le hizo una seña inconfundible, y el policía entendió. Los lobos casi alcanzaban a Froilán, cuando el inspector sacó el 38, apuntó… y el primer lobo cayó muerto. El grito de júbilo de los hombres se tapó por los aullidos de ira de los lobos. Murillo siguió disparando hasta vaciar el cargador contra los lobos mas proximos, y luego empezó a correr.
Eva se acercó a donde Froilán resistía.
- Muy inteligente… Usaste una formula de alquimia para transformar el plomo de las balas en plata, y matar a mis perritos con balas de plata… -gritó tras la piedra que le cerraba el paso – Pero… ¿quién te va a rescartar de mí?
Eva movió la colosal piedra que cerraba el paso y sonrió. El hombre estaba a su merced.
Froilán cerró los ojos. Hasta ahí había llegado.
Pero la mujer no lo agarró del cuello: algo la jaló hacia arriba como si fuera de papel. Un incrédulo Froilán vió como la mujer vampiro lo rescataba, y arrojaba a Eva desde la altura hacia la nada.
Un ejercito de vampiros cayó sobre los lobos, y la pelea fue una carnicería. Froilán regresó a la cima esquivando combatientes, y enfrentó al Barón.
- ¿Y, tío? ¿ahora que hacemos?
El alquimista lo miró con ojos extraviados. Le dedicó una mueca que bien pudo ser una sonrisa, y se arrojó por el hueco de la ventana. Froilán corrió tras él, perno no lo vió caer.
- Ya está en otra dimensión – dijo la mujer vampiro – siempre lo hace.
La tormenta comenzaba a disiparse.
- Vos… -dijo el muchacho
- Ayudamos a los humanos como siempre lo hemos hecho desde que el mundo es tal. El resto son palabras. Porque si ustedes desaparecen, ¿de que viviríamos?. Sólo que ésta vez sí nos hemos mostrado abiertamente contra el alquimista, que de verdad estuvo cerca.
- ¿O sea que ahora nos comerán? – dijo Murillo subiendo por una ladera – Ya pregunto igual que mi amigo… - los vampiros rieron de su comentario.
-Ustedes se pueden ir – dijo el que parecía ser el jefe. – pero nada de esto recordarán.
-Una cosa…_ dijo Froilán – antes de irnos, ¿puedo hacer un experimento con las esferas?
- Las esferas quedarán en ésta dimensión –dijo el jefe vampiro – pero puedes hacer un experimento.
- Gracias! Era hora de ligar algo, poli –dijo Froilán, guiñó un ojo a Murillo, y arrojó un beso a la mujer vampiro.

***


Le Monde
Alta Sociedad
Ultimo Momento.(AP)

La pareja del año se casa en Mónaco. El famoso actor argentino, tres veces ganador del Oscar, aceptó dar el sí a su glamorosa (y vampirezca) novia. El Juez que los casará en el Palacio Real, el consabido Juez Murillo…

2 comentarios:

Azena dijo...

hurra

ha sido genial...

Alvy Singer dijo...

Un cojonoudo final de relato. Ni el escritor más delirante en sus momentos de inspiración.

¡Un saludo!