7.8.05

CAPÍTULO 14

En la cabeza de Martin reverberaban las últimas palabras de Juliette, “ya deberías recordar que trabajas para el Vaticano”. ¿Él, trabajando para el Vaticano, una Institución casta? No se imaginaba vestido de Cruzado ensartando tangas de mujeres de mil esquinas.

- Juliette, yo ya no sé qué pensar. Aquí nadie me deja claro nada, cada cual me dice algo diferente. En tan sólo dos días, o tres, o los que sean, he pasado de ser Martin usando la identidad falsa de nombre John Smith, a trabajar para el Vaticano en una misión de… ¿caza de brujas? ¿La caza de los clones? ¿En qué coño quedamos, Juliette? ¿Soy un clon, una escoria de la sociedad con SIDA, o un hombre extraordinario con superpoderes?
- Martin…
- Perdona, llámame Bishop, Superagente Bishop. Al menos así me has llamado hace apenas dos minutos.
- Como quieras, Bishop.
- Superagente, superagente.
- Superagente Bishop, ¡como quieras! Uno de tus problemas durante tu inserción en la Congregación fue la impaciencia que te perdía y te sigue perdiendo a cada momento. No sabes escuchar. En cuanto oyes algo que no es de tu agrado, interrumpes con alguna de tus dudosas bromas, y a veces ofenden. Todos tuvimos una infancia difícil, Cliff, aunque hemos de reconocer que la tuya fue la peor de todas. Es por ello que tuvieron que realizarte un lavado de cerebro parcial, y ese es el detonante de tus pesadillas, y tus continuos desequilibrios.
- ¿Crees que nos matarán?
- En el mejor de los casos, sí. Estos malditos lameculos de la Casa Blanca tienen las cosas menos esclarecidas que tú, y pondría la mano en el fuego por lo que nos van a hacer.

Al hombre anteriormente conocido como Martin le satisfizo esa idea. Morir. ¡Joder, ya era hora! Tenía la vida por castigo. En todos esos asuntos oscuros en los cuales se vio envuelto a lo largo de su vida siempre había salido maltrecho, y sobrevivía para volver a despertar con el hilillo de sangre saliendo de sus fosas nasales, acostado en cualquier catre de algún cuchitril de ninguna parte. Se sentía como una hormiga dentro de un inmenso hormiguero de corrupción, trabajando a destajo sin saber siquiera si alguna vez llegaría a ver a la hormiga reina, sin saber para qué hacía todo eso.
Acabar su vida allí, junto a Juliette, sería bastante romántico y trágico. Podrían fantasear juntos durante el tiempo que les quedaba de vida. Ella sería Julieta y él Romeo, en una versión pornográfica de la celebérrima obra teatral. Su único deseo, ahora que veía tan cercana la muerte, era tener el mejor orgasmo de su vida, y por ello cambió radicalmente los derroteros de la conversación:

- Te pones muy suculenta cuando pareces preocupada y angustiada.
- Oh, Cliff, no comiences con tus jueguecitos de seducción, que siempre te llevas el gato al agua.
- Me lo llevo siempre que mi afortunada se muestra receptiva. Y tú lo estás bastante.
- Estamos hablando de algo muy serio, Cliff, es nuestra vida lo que está en juego. Nuestra vida y el proyecto por el que juramos fidelidad a la Congregación.
- Son tus senos los que recibieron mi juramento, siempre y cuando no pasara otro par ante mis ojos... ahora sólo veo los tuyos.

En una décima de segundo, Cliff rajó completamente las prendas de Juliette, como si fuera su último momento juntos, como si nadie los viera. Juliette no parecía muy dispuesta a seguir el juego, pero Cliff pedía más y más. Contra las rejas, la pared, sobre el váter, encima, debajo… los diferentes gritos confundían sensaciones de placer, dolor, y coraje.
Sucedió también en una décima de segundo que Cliff cayó abatido por los disparos que cruzaron la sala, las rejas, la celda, y, por último, su pecho. Las balas de plata son igual de mortales tanto para un hombre corriente como para un prodigio de la genética cuando atraviesan el músculo que nutre de sangre todo el organismo, sangre que en esos momentos manaba como un géiser en ebullición de su torso. El sufrimiento y el placer quedaron fundidos en el cerebro de Cliff como última sensación en vida. Ya no hubo más Martin, John Smith, Cliff Bishop, o Martin Bishop. Ya no hubo más 673, a menos que lo volvieran a clonar. Las células de su cuerpo inerte aún estaban frescas y dispuestas a colaborar en la perpetuación de su especie, la única y verdadera especie.

*****

Helen yacía inmóvil a su lado, con los ojos en blanco, horrorizada. La última víctima de ese violador había sido ella. En la habitación irrumpió la policía.

*****

Era sábado. La noticia del abatimiento a tiros del que fue su novio durante la adolescencia dejó confusa a Dana, que hasta ese momento disfrutaba de unos minutos de relajación en el sofá de su piso alquilado. Ella ya sabía que se había convertido en un demente ávido de sexo, pero hacía años que no tenía noticias de él, salvo las pequeñas reseñas de los periódicos e informativos de la televisión. No paraban de rondarle por la mente los recuerdos del pasado y las cosas que Cliff le contaba.

Había tenido una infancia difícil, con unos padres que no se querían. Él era un borracho que continuamente se llevaba al hijo al parque de atracciones como excusa para descargar la represión sexual que lo ahogaba con la contorsionista. Cliff contemplaba las escenas a veces, pero otras, cansado de ver lo mismo, se iba a la montaña rusa con la esperanza de poseer algún recuerdo agradable de su infancia. Durante la adolescencia, falto del calor familiar, encontró varias aficiones, tales como la informática y los cómics, y la conoció, a ella, Dana. Liberaba tensiones asaltando páginas webs ajenas, pero no iba más allá de las personales; los bancos e instituciones ilustres podían esperar. En su habitación solía acumular arrinconadas pilas de cómics de poca durabilidad; tan pronto los leía, los dejaba ahí, cogiendo polvo, excepto un cómic, el que fue la perdición completa de la cordura de Cliff.
Ese cómic había sido un proyecto fracasado de una desconocida editora de fascículos. La primera entrega y la página de inicio de una web incompleta fue todo lo que salió a la luz de una colección cuyo segundo número tenía previsto incluir en las contraportadas un código para entrar en la web y acceder a los típicos materiales exclusivos inútiles. Cliff no supo nada de ello, o no quiso saberlo. Él sólo veía tatuajes por doquier, ese que estuvo presente en varias de las viñetas del cómic.
Conforme pasaban los días, ella se sentía desplazada, pues Cliff se sumergía en las fantasías del cómic más y más, confundiendo éstas con la realidad hasta el punto de no distinguirlas. Fue por ello que acabó dejándolo, quitándose un lastre que le impedía hacer una vida normal, como el resto de las chicas de su edad.
Dos años después tuvo noticias de Cliff por un artículo de los periódicos: había violado a una joven de veinte años creyendo que era Sara, una de las protagonistas del cómic. No cesaba en su empeño de convencer a quienes lo detuvieron que ella había estado receptiva y que estaban cometiendo un error con él, pues no era un clon, sino el espécimen original. Al poco de darse a conocer la noticia, Cliff ingresó en un manicomio.
Cliff fue considerado como uno de los dementes más peligrosos del manicomio. Y de hecho lo demostró. Muchas veces tenía delirios, creyendo que lo tenían encerrado en una cápsula. Hasta que un día escapó. Allá por donde pasaba dejaba un rastro de mujeres violadas las cuales en declaraciones a la policía aseguraban haber escuchado a Cliff hablar sobre un tatuaje que ellas no tenían, y continuamente repetía los mismos nombres: Sara, Leo, Juliette y Dana. El hecho de mentar el nombre de su antigua novia dejaba entrever que nunca la había olvidado, e incluso la mezclaba con la trama del cómic. Siempre veía en toda cara de mujer a una de sus cuatro musas.
Hacía apenas dos días Cliff había hecho sonar el timbre de la puerta de una casa preguntando por alguien llamado Leo. Abrió una mujer que vivía sola, y de inmediato Cliff se avalanzó sobre ella y la forzó a realizar prácticas sexuales. En un momento de relax dejó a la mujer ir hacia el teléfono, y así pues, mientras él creía que habían llamado a la casa, ella estaba hablando realmente con la policía. Un rato después ésta irrumpió en la casa y logró reducir a Cliff con un certero golpe en la cabeza.
Durante la noche en la que fue devuelto al manicomio con una buena dosis de calmantes se quedó junto a él una enfermera para atenderlo en caso de urgencia, y a pesar de llamarse Helen, él la confundió con Juliette. Los calmantes no surtieron efecto, y Cliff volvió a desatar su locura y lujuria contra ella. Los gritos alarmaron al personal de seguridad, y sin dudarlo descargaron dos certeras balas en el pecho de Cliff, cortando el abuso de éste con Helen. Murió en el acto.

*****

Dana necesitaba despejarse un poco, tomarse una copa con sus amigos. No se acicaló en demasía y salió a la calle, dirigiéndose con paso ligero al bar de copas donde siempre quedaban. Después de rememorar su pasado le daba igual que tuviera pendientes varias órdenes de Clara y la Casa Blanca.

Fin... ?

4 comentarios:

crub dijo...

Bueno, hemos arribado a puerto.
Creo que el relato tenía dos posibles destinos. Por una parte, continuar abriendo el juego como se perfilaba en los últimos capítulos, y avanzar hacia terrenos impredecibles. Por otra, traer el relato “a la realidad” y bajarlo a un hilo argumental relativamente factible.
Privó la segunda alternativa, y Gallipato dio un cierre desde lo verosímil, más cercano si se quiere a “Una mente Brillante” que a “Los Expedientes X”. Personalmente, me gustó el cierre, aunque me parece bastante definitivo para ésta historia.
Creo que como primer cuento ha sido muy entretenido, y quisiera participar de una nueva edición. Propongo que se reconfirmen los participantes, y, si a El Inadaptado no le parece mal, pautar alguna línea “administrativa” para que no se caiga el ritmo ni el interés.
Un abrazo a todos!

El inadaptado dijo...

Pronto, muy pronto volveré a hacer un llamamiento. Y a ver si entre todos podemos perfilar esa "línea administrativa" para que no nos vuelva a ocurrir esto. Como he dicho ya, voy a delegar responsabilidades para que no sea yo el único que se ocupe de todo.

Y no te preocupes, cuento contigo incondicionalmente. Espero sinceramente que para el próximo podamos superar con creces el número e participantes.

Gallipato dijo...

Yo también espero participar en otro relato, y como ya dije no sé dónde, conozco a gente dispuesta a formar parte de ello.
Me alegra que haya gustado mi parte. Si la he hecho "muy definitiva", es porque no se iba a continuar con ella, y dejarlo todo en el aire no me parecía una buena forma de abandonar la historia. No obstante, sí que he dejado una pequeña vía de continuidad.
Lo que sugiero es dejar la historia "archivada" de alguna forma en esta página, y dejar el espacio principal para la siguiente. Así poco a poco iremos teniendo una colección de relatos, y los nuevos que entren podrán leerlos.
¡Hasta el próximo relato!

El inadaptado dijo...

Ya tenía pensada esa posibilidad. Si os fijais, para conseguir que los fragmentos se publicaran de forma correlativa y no al revés (que es lo normal en blogger), todos tienen la misma fecha pero distintas horas. Ergo, tan solo hay que archivarlo por días y luego retocar la plantilla para que aparezca el título. Pan comido.

La semana que viene empezamos de nuevo...